Cuenca era una de esas ciudades que tenía pendientes desde hace años, y cuando por fin organicé la escapada me hice la pregunta típica: ¿un día basta o mejor me quedo dos? Después de recorrerla con calma, lo tengo claro: con dos días le sacas mucho más partido, porque Cuenca no son solo las Casas Colgadas, también tiene alrededor una de las zonas naturales más espectaculares de Castilla-La Mancha. Te cuento cómo organicé el viaje.
Mi resumen rápido: cómo organicé los 2 días en Cuenca
El reparto que mejor me funcionó fue este: el primer día lo dediqué entero al casco antiguo, que se recorre a pie sin prisa, y el segundo día lo dejé para la Serranía de Cuenca, la zona de naturaleza que rodea la ciudad y para la que hace falta coche. Así no mezclé ritmos: un día de paseo urbano y otro de aire libre.
Día 1: el casco antiguo de Cuenca

Barrio del Castillo y la Catedral
Empecé la mañana en la parte más alta de la ciudad, el Barrio del Castillo, entrando por el Arco de Bezudo, y desde ahí fui bajando hacia la Catedral de Cuenca, una de las primeras catedrales góticas de España. Se puede visitar con audioía, y si te interesa la arquitectura merece la pena pagar el suplemento para subir al triforio, con vistas que no ves desde abajo.
Casas Colgadas y Puente de San Pablo
Después llegué al punto que todo el mundo tiene en mente cuando piensa en Cuenca: las Casas Colgadas, asomadas literalmente al vacío sobre la Hoz del Huécar. La mejor vista de todas, sin discusión, es desde el Puente de San Pablo, una pasarela peatonal de más de 100 metros que cruza el desfiladero y que de noche, iluminada, es otra experiencia completamente distinta.
Museo de Arte Abstracto y Torre de Mangana
Por la tarde me acerqué al Museo de Arte Abstracto Español, instalado dentro de una de las propias Casas Colgadas, con obras de Zóbel, Chillida o Tàpies (entrada gratuita, algo que se agradece). Terminé el día en la plaza de la Torre de Mangana, uno de los miradores más tranquilos del centro para ver caer la tarde sobre la ciudad.
Día 2: la Serranía de Cuenca

El segundo día necesitas coche sí o sí, porque la Serranía de Cuenca está formada por varios puntos repartidos por la zona. Yo elegí centrarme en la naturaleza, aunque hay alternativas si viajas con niños o prefieres historia.
Ciudad Encantada
La primera parada fue la Ciudad Encantada, a unos 30 kilómetros de la ciudad (media hora en coche), un paraje de formaciones rocosas de piedra caliza esculpidas por la erosión durante millones de años, que recorres por un sendero circular de unos 3 kilómetros. Los nombres de las rocas (el Tormo Alto, el Mar de Piedra, los Amantes) le dan un punto casi de cuento que hace que se pase el tiempo volando.
Ventano del Diablo y Nacimiento del Río Cuervo
De camino paré en el Ventano del Diablo, un mirador natural con vistas al cañón del río Júcar al que se accede desde la carretera cerca de Villalba de la Sierra, y por la tarde seguí hasta el Nacimiento del Río Cuervo, con su cascada y su sendero circular corto. Queda algo más lejos, así que si vas con el tiempo justo, prioriza la Ciudad Encantada y el Ventano, que están más cerca entre sí.
Si prefieres otro plan para el segundo día
Si vas con niños o te interesa más la historia que la naturaleza, Cuenca también ofrece otras opciones para ese segundo día: el Museo Paleontológico (MUPA), con esqueletos y reconstrucciones a tamaño real, o los Túneles de la Guerra Civil, una visita guiada por debajo del casco antiguo que solo se puede reservar en la propia Oficina de Turismo y con grupos reducidos.
Cómo llegar y consejos prácticos
Cuenca está a unos 168 kilómetros de Madrid, alrededor de dos horas en coche, aunque si vas en tren el AVE hasta la estación de Cuenca-Fernando Zóbel tarda poco más de 50 minutos. Para el primer día, con moverte a pie por el casco antiguo tienes de sobra; para el segundo, el coche es prácticamente obligatorio si quieres llegar a la Serranía. Un último consejo: las calles empedradas del centro son muy bonitas pero resbalan, así que lleva calzado con buen agarre.
Con este reparto de dos días te llevas lo mejor de Cuenca: el casco histórico colgado sobre el desfiladero y la naturaleza que lo rodea. Si algún día solo puedes hacer una parada, que sea el Puente de San Pablo al atardecer, con las Casas Colgadas iluminándose poco a poco.