Ruta por la Selva Negra en 10 días: itinerario completo

Cuando decidí hacer la ruta por la Selva Negra no tenía muy claro cuántos días necesitaba. Al final me decanté por 10 días, y creo que fue el tiempo justo para no ir corriendo de pueblo en pueblo ni tener que descartar sitios que merecían la pena. Aquí te cuento el itinerario completo, día a día, tal y como lo hice yo.

Cómo organicé la ruta

Alquilé un coche nada más aterrizar (en mi caso en Frankfurt, aunque también se puede empezar desde Stuttgart o Basilea) porque la Selva Negra es una zona de carreteras secundarias y pueblos pequeños donde el transporte público no llega a todos los rincones que merecen una parada. Dividií la ruta en tres bases: Baden-Baden al norte, Gengenbach en el centro y Friburgo de Brisgovia al sur, y desde cada una hice excursiones de un día a los alrededores en vez de cambiar de hotel cada noche.

Día a día por la Selva Negra

Días 1 y 2: Baden-Baden y los pueblos del norte

Empecé la ruta en Baden-Baden, una ciudad balneario que durante el siglo XIX fue punto de encuentro de la aristocracia europea y que todavía conserva ese aire elegante en sus edificios y sus baños termáles. El primer día lo dediqué a pasear por el casco histórico y a acercarme a Sasbachwalden, un pueblo pequeño rodeado de viñedos que parece sacado de una postal, y a la cascada de Geroldsauer, una parada corta pero muy agradable entre bosque.

Pueblo de viñedos en la Selva Negra cerca de Baden-Baden

El segundo día lo aproveché para ir hacia Bad Wildbad y Calw, dos pueblos con ese estilo de casas de entramado de madera tan característico de la región. Calw en particular me sorprendió: es la ciudad natal de Hermann Hesse y tiene un centro muy bien conservado junto al río Nagold.

Día 3: hacia Freudenstadt

De camino hacia el centro de la Selva Negra paré en el castillo de Staufenberg y en el mirador de Ellbachseeblick, uno de esos puntos donde merece la pena bajarse del coche solo para ver el mar de pinos que se extiende hasta donde alcanza la vista. Terminé el día en Freudenstadt, conocida por tener una de las plazas de mercado más grandes de Alemania.

Días 4 y 5: Gutach y Gengenbach

El cuarto día lo dediqué al museo al aire libre de Vogtsbauernhof, en Gutach, donde se pueden visitar granjas tradicionales de la Selva Negra tal y como eran hace siglos. Es una parada que recomiendo especialmente si viajas con niños, porque se entiende de un vistazo cómo vivía la gente en esta región antes del turismo. Después seguí hasta Wolfach, otro pueblo con mucho encanto y buen punto para parar a comer.

El quinto día empecé con la cascada de Burgbach, escondida entre el bosque y bastante menos masificada que otras cascadas más conocidas de la zona, y terminé instalándome en Gengenbach, un pueblo amurallado con casco antiguo de cuento que se convirtió en mi segunda base.

Día 6: castillo de Hohenzollern y Schiltach

Este día hice una excursión algo más larga hasta el castillo de Hohenzollern, en lo alto de una colina y con una silueta que parece sacada de un cuento. Aunque queda un poco al margen de la ruta principal por la Selva Negra, mereció la pena el desvío. De vuelta paré en Schiltach, otro de esos pueblos de entramado de madera junto al río que tanto abundan por aquí.

Día 7: Triberg y los relojes de cuco

Triberg es parada obligada en cualquier ruta por la Selva Negra: aquí nacieron los famosos relojes de cuco y también se encuentran las cataratas más altas de Alemania, que se pueden visitar siguiendo un sendero bien señalizado entre el bosque. Por la tarde me acerqué al monasterio de St. Peter y terminé el día junto al tranquilo lago Kirnbergsee.

Cascada en la Selva Negra cerca de Triberg

Día 8: cascadas y lagos del sur

Bajando ya hacia el sur, visité la cascada de Todtnau y me animé a probar la Hasenhorn Rodelbahn, un tobógan de verano bastante divertido para desconectar un rato del ritmo de «pueblo, iglesia, mirador». Terminé el día en el lago Schluchsee, el más grande de la Selva Negra, con tiempo para dar un paseo tranquilo por la orilla.

Día 9: Feldberg y el lago Titisee

El Feldberg es el punto más alto de toda la Selva Negra, y desde arriba las vistas son de las mejores de toda la ruta en días despejados. Bajé después hasta el lago Titisee, la postal más repetida de la región y, si te digo la verdad, también la más turística: aun así, mereció la pena sentarme un rato a orillas del lago antes de seguir camino.

Lago Titisee en la Selva Negra

Día 10: Friburgo de Brisgovia

Cerré la ruta en Friburgo de Brisgovia, la ciudad más animada de toda la Selva Negra y una buena forma de terminar el viaje con algo más de ambiente. Me quedé paseando por el casco antiguo, con su catédral gótica y los pequeños canales de agua (los «Bächle») que recorren las calles, una tradición local que dicen que trae buena suerte si no te mojas los pies sin querer.

Casco antiguo de Friburgo de Brisgovia

Dónde alojarse durante la ruta

Yo organicé el alojamiento en tres bloques para no perder tiempo haciendo y deshaciendo la maleta cada día: tres noches en Baden-Baden para explorar el norte, dos noches en Gengenbach para la zona central y las últimas cinco en Friburgo, desde donde salí a ver el Feldberg, el Titisee y las cascadas del sur antes de terminar el viaje en la propia ciudad.

Mi consejo final

Si tienes menos de 10 días, esta ruta también se puede adaptar a 7 o incluso a 4, quedándote solo con lo más top de cada zona. Pero si puedes permitirte los 10 días completos, hazlo: la Selva Negra es de esos sitios donde lo mejor no está en los tres o cuatro nombres que salen siempre en las guías, sino en los pueblos pequeños y las cascadas escondidas que solo encuentras cuando no vas con prisa.

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